sábado, abril 11, 2009

DOROTKA

Work entitled "Woman and Rabbit" by Jeremy Couillard.

No falla. Cuando ya todos están alegres en una fiesta, alguien recuerda una historia que sin unas cervezas de por medio a nadie le parecerían tan graciosas. Pero esa noche estábamos todos tan contentos. Sería porque estábamos de vacaciones en Veracruz, o porque el viento de abril que se soltó esa noche revolviendo las aguas del lago Catemaco rejuvenecía nuestra alegría. No era tan fuerte que nos tirara las botellas — estábamos en un bar al aire libre frente al lago — pero con el calor de los días anteriores se agradecía ese norte que azotaba la costa y se llevaba los mosquitos. Fue entonces que Nacho, nuestro amigo veracruzano, contó la historia de Dorotka y después que lo hizo, no paramos de reírnos un buen rato. Esta es la historia de Dorotka la coneja...bueno, eso creían todos, que Dorotka era una coneja.

Cuando era una niña, Dominika siempre quiso tener un conejo allá en su pueblo natal en Polonia, pero su madre se opuso todo el tiempo. Ya era suficiente estar al cuidado de cinco hijos para todavía encargarse de un conejo. Además, creía que los días de un conejo dentro de esa casa turbulenta estaban contados.

—No, no y no. No habrá ni conejos, ni nada que camine o se arrastre por el suelo en esta casa. Tú y tus hermanos lo matarían el primer día que entrara. ¿Ya se te olvidó la pobre tortuguita que te compré y aplastaste el mismo día que la llevé a casa?

Tal vez fue ese deseo infantil que hizo que al llegar a Jalapa, recién casada con Filip y establecidos en una casita cerca del campo, que hizo que la encontrara ideal para criar el conejo blanco que siempre quiso tener. Se compró una conejera, la acondicionó con todo lo necesario y una tarde que llegó Filip de la Universidad donde daba clases, lo esperaba un conejo blanco y sedoso.

Al principio, a Filip le pareció raro tener un conejo como mascota. En Polonia él tuvo un perro. Un perro le ladra y lame a uno la mano. Te mira a los ojos, se comunica y a veces sientes que hasta te habla. ¿Pero un conejo? Decía.

—Bueno, pues si tú quieres, lo conservaremos. Espero que no sea muy engorroso cuidarlo. ¿Y es conejo o coneja?

—Es una coneja. Ya hasta nombre le puse. Se llama Dorotka.

Filip la miró y sonrió. Notó un brillo de tierna candidez en los ojos azules de su esposa y se alegró de compartir ese capricho infantil de Dominika.

No tardaron en encariñarse con ella. Dorotka era silenciosa y le gustaba la compañía de la pareja. En su pequeña y conejal mente, su vida consistía en comer y dormir. La conejera era su dormitorio, pero cuando la sacaban para que estuviera con ellos en la casa, se escondía debajo de los sillones y no salía hasta que Dominika la buscaba y la colocaba en su regazo, mientras veían la televisión o leían un libro en el sillón de la sala. Le acariciaba las orejas, de abajo hacia arriba, una y otra vez hasta que se quedaba dormida. Poco a poco el animal fue formando parte de la vida cotidiana de ese matrimonio extranjero en México. Como Dorotka se fue acostumbrando a ellos, salía al patio y jugaba entre la hierba verde mientras Dominika tendía la ropa o barría el frente de la casa. Fue precisamente una de esas mañanas que Dominika sacudía las sábanas blancas para colgarlas del tendedero, que Dorotka empezó a mostrar síntomas raros. De pronto se abalanzó a los gruesos chamorros blancos de Dominika para mordérselos con tanta fuerza que le dejó la marca de los dientes. Gritó de dolor y de sorpresa al ver que Dorotka se había puesto así. Creyó que tenía hambre y la llevó a la conejera para alimentarla otra vez.

—Esta coneja se está poniendo demasiado gorda, dijo Filip una tarde que descansaban y observó la figura obesa de Dorotka a un lado de Dominika en el sofá. La estás sobrealimentando.

—No creo que esté gorda. Un conejo no podría comer más de lo que necesita, ¿no crees?

—Pues a mí me parece que está gorda.

Dorotka siguió atacando y mordiendo a Dominika, hasta que una vez lo comentó con Nacho, amigo de la pareja.

—Oye Nacho, tú que tienes animales en el rancho y sabes de esas cosas, por qué crees que me muerde, ¿estará enferma?

—No lo creo Dominika, tiene todas sus vacunas. Si yo mismo te la llevé al veterinario.

—Además aquí no hay manera de que se hubiera contagiado, no hay más conejos alrededor. —Yo, aunque tengo conejos, sé poco sobre ellos. A mí pregúntame de caballos, vacas y cerdos.

—A menos que... claro, eso debe ser. Está en celo, Dominika. Ese es el problema. Préstamela unos días para llevarla al rancho con los demás conejos verás que te la traigo tranquilita. Debe ser que ya es el tiempo de apareamiento. O tal vez simplemente necesite estar con otros conejos.

—Puede ser, dijo Dominika no muy convencida ni contenta de apartarse de su mascota. —Está bien, llévatela y me la traes cuando se calme. Está demasiado agresiva.

Nacho se la llevó a su rancho y la llevó con los demás conejos. No había manera de perderla de vista, Dorotka era una conejota gorda y enorme comparada con los demás.

Se quedó observando un rato para ver el trabajo que les costaría a los conejos aparearse con tremenda hembra. Pero en cuanto la puso en la conejera, se abalanzó sobre las conejas para montarlas porque ¡Dorotka era conejo! no coneja.

—Mira nomás, pensó Nacho mientras admiraba el ímpetu de Dorotka, el recién descubierto macho. La sorpresa que se van a llevar Dominika y Filip cuando les cuente. ¡Date vuelo, muchacho! Le gritó al conejo gordo que se trepaba con dificultad sobre las hembras. Luego se alejó riendo divertido. ¡Ah qué Dorotka! Debería llamarse Dorotko, o cuando menos Juan.

Un par de días después, Nacho fue a buscar a Dorotka para llevársela a su amiga y darle la noticia.

—Le va a tener que cambiar el nombre, un conejo macho no puede llamarse Dorotka.

Pero cuando lo encontró, Dorotka estaba muerto en la jaula, infartado por el esfuerzo. Una docena de hembras impasibles y felices, comían zanahorias a su alrededor.

1 comentario:

Don Melón de la Huerta dijo...

Feliz Día "Post-Coneja," que aquí no es Iztapalapa, y también queremos "Halloween."

Saludísimos!