viernes, octubre 13, 2006

LA MELODÍA MÁS HERMOSA DEL MUNDO

Cuento dedicado a mi nieta Gala Fernanda Duarte Vázquez

Las manos flacas y huesudas pero suaves como seda de la abuela cogieron las dos manitas de Nadia.

—Ven, te diré un secreto.

Nadia observó las gruesas venas azuladas en el dorso de las manos mientras la escuchaba susurrar.

—“La melodía más hermosa del mundo se encuentra en el agua.”

Mirándola con los ojos que ponía cuando no comprendía nada, la niña le regaló una sonrisa de ignorancia. ¿Qué tenía que ver ese supuesto secreto con que a ella no le gustara bañarse? Ya no hubo tiempo de interrogar a la abuela con fama de saber cosas fuera de este mundo sobre aquel adagio, pues enfermó gravemente y murió no mucho después. Su proverbio quedó retumbando en la cabecita de Nadia como el sonido de las cuerdas de la guitarra en su caja de resonancia. Con el tiempo Nadia inició la investigación de aquel misterio legado por su abuela. Primero preguntó a su madre si conocía el significado de aquella frase y todo lo que obtuvo fue un levantar de hombros más de indiferencia que de incógnita. Después observó atentamente el agua en un vaso. No había nada más que ese líquido transparente e insípido. Metió los dedos para intentar sentir alguna conexión con la música, pero no tuvo éxito ni en este ni en muchas de sus tentativas siguientes. Un día que su tío Marcos tocaba el violín, le preguntó si metiéndolo al agua podría escuchar sus notas, pero Marcos le contestó que no conocía ningún instrumento que produjera sonido alguno estando sumergido en el agua. Y hasta una tarde de lluvia estuvo pegada mucho tiempo a la ventana observando los millones de gotitas caer y escuchó con mucha atención su golpeteo en los cristales y en el techo pero su monótono tac-tac no le pareció exactamente la música más bella.

La abuela me mintió, pensaba ¿Cómo puede haber una melodía dentro del agua?

El verano siguiente la familia fue a pasar dos semanas en la playa. Nadia estaba entusiasmada. ¡Claro! Eso tenía que ser, tal vez si escuchara la sonoridad del rumor del ir y venir de las olas descubriría por fin el mágico secreto que le confió la abuela. Nadamás llegar, se sentó frente al mar y cerró los ojos para escuchar el fluido lento, suave y misterioso de las olas del mar al principio, pero la sonoridad era tosca y violenta al estrellarse contra las rocas.

—No, esa no puede ser la melodía más hermosa del mundo en el agua, reflexionó.

Creyó que tal vez no había escuchado con la debida concentración. Entonces en lugar de jugar con sus hermanos se sentaba largos ratos bajo la sombrilla con los ojos cerrados a seguir escuchando el ritmo cadencioso del oleaje. Sin convencerse finalmente se sumergió, nadó por debajo y sobre el agua salada y no encontró sino sonidos sin ritmo ni melodía. Al terminar las vacaciones se convenció de que no había encontrado aun la melodía más hermosa.

Algún tiempo después ya casi había olvidado la obsesión que la abuela le clavara antes de morir.

— Yo creo que estaba un poco loca, fue lo último que pensó sobre el asunto.

Una vez, estando debajo de la ducha por la mañana antes de irse a la escuela, el sueño residual aun hacía que le pesaran los párpados y los mantuvo cerrados mientras el agua escurría por su cabeza. Y de pronto se percató que escuchaba sonidos lejanos como de campanitas. Concentró su atención y ¡sí! Parecía que escuchaba lo que parecía la nota de alguna melodía. Abrió los ojos y la boca y se puso la expresión que ponía cuando no podía creer algo. Pero con los ojos abiertos no podía escuchar nada. Volvió a cerrarlos y logró escuchar la nota musical de nuevo. Nadia por fin empezaba a comprender dónde se encontraba la magia del secreto. Pero antes de caer en falsas conclusiones se quiso asegurar de no estar escuchando una ilusión. ¿Acaso eran las gotitas cristalinas golpeando contra la llave de la ducha, contra la puerta corrediza del baño? ¡No, había descubierto el secreto!
Las semanas siguientes Nadia se duchó hasta tres veces al día. A veces escuchaba el alegre sonido de trompetas; otras, sutiles cuerdas de violines; también dulces flautas, graciosas armonías de arpas, fragmentos de escalas melódicas de piano. Pero nunca llegaba a enterarse de la melodía completa. Si pudiera ella armar el rompecabezas —
recapacitaba— unir todas las notas, escribirlas y entonces escuchar por fin la más hermosa melodía del mundo arrancada al chorro cristalino y cantarín del agua de la ducha. A pesar de ser todavía una niña, se dio cuenta de que nunca podría juntar los timbres melódicos que iba escuchando aislados cada vez que se duchaba, eso podría llevarle toda la vida. La canción más hermosa del mundo estaba allí, entre sus acordes y pulsaciones pero en desorden, escondidos dentro de la evocación que le inspiraba el agua de la ducha, sin poder provocar emoción alguna. Nadie podría escuchar nunca el encanto que produciría su intensidad, ni vibrar con su clímax. Entonces Nadia lloró, pero al escuchar la historia, sus padres comprendieron su deseo. La matricularon en una escuela de música donde Nadia descubrió su talento musical. Cuando llegó la universidad ya tocaba varios instrumentos pero aun no lograba descubrir la melodía más hermosa del mundo, por eso eligió la carrera musical, para seguir buscándola con su sensibilidad y su conocimiento.
Ahora Nadia es una poetisa del sonido. Sus conciertos embelesan y despiertan sentimientos profundos en quienes la escuchan. Cuando al concluir la ovacionan, pone la cara que acostumbra cuando está feliz y recuerda aquel secreto de su abuela medio bruja que la impulsó a buscar – aunque fuera un búsqueda sin fin – la perfección y la belleza de la música en la caja resonante de su espíritu.

5 comentarios:

Don Melón de la Huerta dijo...

Qué chula lepa, igualita en todo a la abuela. Así irá a ser de latosa la condenada al rato.

Abrazos.

Don Melón de la Huerta dijo...

Ah! y se me olvidaba mencionarlo. Mi carnal más chico resulta que es también músico, y la historia de la muchachita que relatas aquí no suena tan distinta de la de él. Te recominedo un cortometraje mejicano muy bonito llamado "El Árbol de la Música." Está en el volumen cinco de la colección esa que venden en el Sangron's, o el CEMA.

Abrazos de nuevo.

Anastasia dijo...

lindisima la nieta!!!!!!

Aristóteles dijo...

¡Realmente es uno de los cantos más bellos de la vida!

Síguela disfrutando mucho.

Besos.

spadelosviernes dijo...

Me llegó hasta el fondo, porque siempre he creído que el agua, ya sea lluvia o ducha, mar o río, torrente o catarata, es música. Y eso que carezco, desgraciadamente de capacidades musicales. Solo me gusta escuchar y distingo lo que me gusta de lo que no.
Besos