jueves, marzo 30, 2006

UN DEDO POR POCOS PESOS

A las doce y media de la noche el supervisor de producción levantó en la maquila la lista de voluntarios para doblarse de turno, es decir para terminar a las seis de la mañana. Casi todos se niegan. Dieciocho horas sin descanso en la empresa son muchas, y más para Elvira que la noche anterior solamente había dormido unas pocas horas, pues debía levantarse muy temprano para llevar a su hijo al doctor en el hospital del Seguro Social.

¿Puede quedarse esta noche Elvira?

La verdad es que me gustaría quedarme pero estoy muy cansada.

Usted sabe que le conviene quedarse, es dinero extra para su familia.

Pues sí pero es que tengo mucho sueño, anoche casi no dormí.

Vamos a ver, usted no se ha quedado tiempo extra en varias semanas y sus compañeros se quejan. Algunos de ellos ya se han doblado turno toda la semana. ¡Están más cansados ellos que usted!

Lo siento, de veras es que yo tengo que atender a mi hijo. Además, gano muy poco con un día que me doblo.

Mire Elvira, si no se queda esta noche, no le voy a volver a dar más tiempo extra en lo que queda del año. Estamos muy atrasados con la producción y la empresa necesita de su apoyo, pero si usted no quiere, hay muchos que sí allá afuera.

Elvira se queda pensando un rato y al fin se decide.

Bueno, está bien. A ver si no me quedo dormida trabajando.

Cuando suena el timbre que anuncia el inicio del tercer turno a las doce cuarenta y cinco a Elvira la asignan a cortar piezas de plástico con una guillotina manual sin guarda de protección. Aunque el trabajo no es pesado ni difícil, es tedioso. Elvira lee las instrucciones de la operación antes de comenzar:

“Con la mano izquierda, coloque el extremo de la manga de plástico blanca en la barra número 3 que está pegada en la superficie de guillotina. Sujétela de manera que quede bien alineada en el tope. Baje la palanca con navaja de la guillotina y corte la manga de un solo golpe. Precaución: mantenga la mano izquierda en el tope, la navaja tiene filo peligroso. Coloque la palanca completamente abajo cuando no esté en uso” Estándar/hora: 300 mangas.

A las cuatro de la mañana, la falta de sueño empieza a hacer estragos en Elvira. Se tomó un café negro y cargado en el descanso de veinte minutos, pero no sirvió de nada. Llegó un momento que se quedó dormida con la mano en la palanca de la guillotina manual en lo alto, sin concluir el corte. Se fue al baño y se echó agua fría en la cara y eso la reanimó un rato. Fue a las cinco y cuarto que se cortó hasta la falange media del índice izquierdo. Ni ella se dio cuenta hasta que el chorro de sangre manchó el plástico blanco que estaba cortando.

4 comentarios:

Julio Suárez Anturi dijo...

La presión laboral en forma de bonitas palabras y apelando al sentimiento del trabajador. ¿Por qué no le respetaron el cansancio a Elvira, si sabían que ella es buena trabajadora, solo que esta vez no quería? Buen tema, no tan infrecuente como pareciera. Abrazo.

Alberto Alvarez-Perea dijo...

Elpidia, estas historias que cuentas de la maquila me dejan sobrecogido en más de una ocasión. Tienes una forma estupenda de escribirlas.

nmmnnkkoojojokpjouigi dijo...
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nmmnnkkoojojokpjouigi dijo...

Pues va un abrazo para ti y para Ricardo.

Desafortunadamente, no lo mismo para los negreros que quién sabe qué le cuidan tanto al amo (como si deberas se los agradecieran, a menos de que en ese ejercicio del poder, simbólico pero suficiente para descargar su retorcimiento en quienes menos lo merecen, se den por bien pagados).

Para ellos, el dedo que se acostumbra enviar en estos casos, sin costo alguno, y a manera de sincero saludo (que deben saber ya la carga afectuosa que conlleva).