jueves, marzo 16, 2006

REDENCIÓN DE DON LOLE

Don Lole era un vecino viejo y loco que vivía en una casita un poco más arriba de la nuestra medio trepada en una loma a escasos pasos cerca del panteón. Rayaba en los setentas aunque respondía que tenía “cincuenta-catorce” cuando los niños del barrio le preguntaban su edad. Con la respuesta, estallaban las carcajadas, y como a los niños les gusta repetir los chistes, todos los días le preguntaban lo mismo aunque supieran de sobra lo que Don Lole diría. El pobre viejo llevaba una apariencia de mugre perenne de pies a cabeza, y en el sombrero arrugado, la camisa abotonada desde el primer botón, el saco y los pantalones andrajosos, brillaba esa pátina inconfundible que dejan las capas de suciedad con el tiempo. Los huaraches de cuero con suela de neumático que parecían que habían pasado por todas las charcas negras de la ciudad completaban su indumentaria. Tenía colgada la sonrisa desdentada y permanente de un niño de pocos años y una mirada de perro que lagrimeaba por la edad y por la falta de anteojos. Una barba descuidada y pelambre blanca y desordenada cubrían su cabeza y rostro. Yo era apenas una niña de cinco, pero él me parecía aun más pequeño que yo. Don Mariano, su hermano, era el hermano mayor que se encargaba de él desde hacía quién sabe cuántos años y a lo mejor eso era lo que lo tenía amargado desde entonces, porque vociferaba contra él continuamente como si le reprochara la cruz que su locura le había impuesto. Unos marranos en un chiquero que engordaban para luego venderlos en Navidades eran la forma de subsistencia de esa familia, por eso don Mariano enviaba a su hermano a tocar las puertas de los vecinos cada día a recoger los desperdicios de comida para alimentarlos. Usando un palo largo a manera de yugo que cargaba en la espalda con dos trozos de soga amarrados en los extremos, llevaba dos botes de plástico suficientes para veinte litros colgando a cada lado. El cochambre acumulado ennegrecía el palo, los lazos y hasta los botes de comida. Cuando tocaba a nuestra puerta, algunas veces mi madre me daba las sobras para que las vaciara en los botes de don Lole y entonces al ver la comida espumante por la fermentación no podía evitar asquearme con su olor de vómito. Me preguntaba siempre cómo era posible que los marranos se pudieran tragar tanta porquería y aun más, cómo éramos nosotros capaces de comerlos. Eso hacía don Lole todos los días además de darles luego la comida y agua limpia a los marranos. Yo lo veía subir con dificultad por el peso de los botes a la casucha encimada en la loma que estaba arriba de mi casa. Por las mañanas barría el frente de la casa de su hermano, iba por la leña y por el petróleo para el calentón, y hacía todos los mandados para don Mariano y su esposa, pero aun así, don Mariano, con frecuencia propinaba tremendas palizas a Don Lole, como aquella vez que le aventó un martillo a la cabeza y el pobre tonto no levantó un dedo para defenderse ni responder ni a los golpes ni a los insultos que le lanzaba por cualquier cosa.. Su llanto a viva voz y sus lamentos me daban toda la compasión de la que es capaz de sentir una niña que no conocía la crueldad hasta entonces. Don Lole no estaba más muerto que todos los muertos del panteón un poco más allá de nuestra casa, pero ahora que con seguridad ya lo está, tiene que estar más contento creo. No tendrá que ponerse los mismos trapos mugrientos de todos los días; ni esos huaraches que hasta hasta en invierno tenía que usar; ni cargar los malolientes botes de comida por la loma. Su vida, que giraba alrededor de los marranos y de ese infernal aparejo que se colgaba para conseguir su pútrido alimento, sin recompensa ninguna y sí con el castigo sádico de su hermano, habrá por fin conseguido la paz.

Su cara vieja, más de animal bondadoso que de idiota no se me olvida y quiero pensar que sus indescifrables “cincuenta - catorce” años aluden a alguna clave mágica que los cuerdos no supimos averiguar. ¿Quiso decir: cincuenta poemas y catorce versos? ¿O cincuenta sueños y catorce deseos? ¿Cincuenta amores y catorce desamores? ¿Cincuenta golpes y catorce muertes?

Tiempo después mi familia se mudó a otra ciudad y al regresar, varios años después, una nota en el diario llamó nuestra atención: “El Señor Mariano López busca a su hermano Dolores López que desapareció de los alrededores del Panteón Tepeyac sin dejar rastro desde hace tres meses. Lo apodan Don Lole y padece de sus facultades mentales. No proporcionó fotografía. Tiene alrededor de setenta años. Favor de comunicarse a los teléfonos de este diario si alguien lo ha visto” ¿A dónde te fuiste Lole? ¿A morirte lejos de los marranos y de Mariano que te molería a palos para que te levantaras de tu lecho de muerte a por la leñay la escoba; a por la comida para los cerdos? ¿A cuál callejón escondido y solo llevaste a reposar para siempre tus huesos maltratados? De allí donde quedaste, porque conmoviste mi alma de niña, recojo tu recuerdo de un puñado y soplo rumbo al cielo para lanzarlo en polvo de estrellas al firmamento.


Pintura: The Old Man de Lucien Bourdeau

10 comentarios:

Agustín dijo...

Cada vez tu blog es más interesante. Te estás volviendo una escritora sólida. Don Lole nos duele. Me ha dolido desde esa evocación tuya. Desde ya, te pido autorización para proponer textos tuyos a publicación en la revista de ICSA. También te pido que me recuerdes llevarte una convocatoria al Premio Nacional de Cuento "Criaturas de la Noche".
Un beso.

Jazmin Garcia dijo...

Me gusta mucho leer lo que mi familia escribe, nunca comento nada, pero Don Lole me hizo llorar aqui sentada en mi oficina sin importar la gente que pasa. Gracias por compartirlo.
Saludos
La Jazz

Elpidia García dijo...

Gracias Agustín, eso me anima a seguir jalando de mis recuerdos y ponerlos por escrito. Estos mini-relatos en el blog no están 100% trabajados, luego sigo revisándolos para mejorarlos, pero ya tengo algunos finalizados. Te los voy a enviar en un archivo aparte para que veas si hay alguno que valga la pena para la revista. La Convocatoria de Criaturas de la Noche ya la tengo.

Jazmín,
A veces, la vida de los que nos rodean nos dejan recuerdos imborrables. Sacar el de Don Lole a la luz, siento que contribuye a que su triste existencia haya tenido un popósito.

Besos a los dos.

manolo dijo...

Tengo tu blog en mis favoritos. Llegué por azar. Sólo quería felicitarte por tu voz, la crítica y la ternura, y el empeño invatible que hace de tu blog uno de primera.

manolo dijo...

b y m perdón

nmmnnkkoojojokpjouigi dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
nmmnnkkoojojokpjouigi dijo...

Me uno a las observaciones que sobre tu ejemplar estilo hacen Agustín tu hermano y Jazmín (que me figuro que debe ser tu sobrina, por la mención de que es familia tuya). No sé en qué colonia vivieras cuando eras niña, pero tu relato me hizo recordar mucho las visitas que hacíamos a una tía que vivía en la colonia Galeana. Se veía, recuerdo, muy de cerca el cerro aquel que tiene la inscripción esa de "La Biblia es la Verdad..." No sé si tenga algo que ver que aquellos sectores están muy pegados a la carretera Casas Grandes, en donde hay mucho criadero de marranos y negocios que expenden los diversos derivados de estos animalitos, pero era muy común ver cómo algunas familias de ahí se dedicaban, tal como don Lole, a acumular "fregadura" (que era el nombre con el que conocía yo la sustancia fermentosa y con olor a vómito concentrado que tu describes) para alimentarlos. De cualquier modo, las "carnitas" y los chicharrones de repente se me afigura como algo que no puede faltar en Juárez. Es lo primero que te topas, a parte de los yonkes, cuando vienes llegando a la ciudad (ya sea desde el interior del estado o desde el puente, -carnitas "don Grillo" es el primer negocio que veo al acabar de cruzar el puente hacia allá para ver a mi novia, sin afán de hacer publicidad-). No recordaba esta actividad, por cierto, hasta que empecé a andar con ella. Como siempre tomo el rumbo del eje Juan Gabriel para llegar a su casa, sobre el cual a veces me desvío hacia la Carlos Amaya o cualquier otra que me devuelva a esos rumbos de antaño, compruebo que la gente todavía junta los desperdicios de la misma forma, así como todavía anda por ahí el mentado "Fierrero Botellero" (obstruyendo mi paso en la curvita esa frente a Soriana Sanders y el "monumento al gendarme" o algo así, todavía en un carro tirado por caballos malnutridos y descarapelados, pero eso sí, con sus buenas bocinas de Alta Fidelidad para anunciarse).

Me parece que las atinadas overvaciones que tu familia hace sobre la forma y los temas que tratas en tus escritos son ciertas, más allá del apoyo que como tus seres queridos es natural que quieran darte, por que no sólo haces uso de un estilo impecable y que despierta genuino interés, lo cual la escritura como acto comunicativo debe tener como requisito indispensable. Lo que se me hace más importante es que conoces la problemática de nuestra ciudad, que para muchos es una estación de paso que no sé que más quieran para que se den cuenta que tiene una importancia estratégica fundamental y una identidad rica y propia. Y no sólo eso; tienes el valor de apuntar hacia los detalles que la gente pasa por alto, ya sea por que se les hace costumbre, por arrogancia, o por miedo y agachonería. En este sentido aplaudo sobre todo que hayas rescatado la situación de nuestros viejitos: Mi mamá trabaja en una de esas famosas "nursing homes" aquí en El Paso, a donde la gente va y jonde a quienes mal que bien hicieron su mayor esfuerzo para sacarlos adelante, y en donde es común el menosprecio y la negligencia a aquellos que ya no están para servir (por que todo por servir se acaba) sino para recibir una bien merecida atención. Pasando a Juárez, no te parecen demasiados los viejitos mendigando, o haciendo la talacha tan pesada que hacía don Lole, que hay en nuestra ciudad? No sé qué es lo que está pasando, pero no me parece que estemos tomando en cuenta, por que lo bueno nunca se ve, que tan mal o bien estuvieran las oportunidades para ellos y lo difícil que fuera navegar con hijos en sus tiempos a comparación con los de ahora, que quierase que no se antojan un poco más cómodos.

En fin, así como Agustín pide tu autorización para que tus textos los conozca una poca más de gente de la que en verdad merecen, así desde ahorita te digo que algún día me gustaría mostrarles a ti y a mi querido profe Ricardo, - aunque no le guste que le diga "profe"-, un guión bien bien hecho sobre alguno de tus relatos (me gustaría, por ejemplo, hacer algo sobre el de "Celia en Viernes") para ver si me dan permiso de "rodarlo" (por muy remoto que en mis labios pueda eso sonar). Asimismo, me gustaría volver a trabajar con Marco (una experiencia super enriquecedora que jamás me cansaré de agradecerle), o poder citar, tal como hizo Guillmermo Arriaga (cuya obra como guionista no es lo que más me gusta, pero los que saben por algo lo reconocen tanto) en su libro "El Búfalo de la Noche" alguna línea de Agustín, a quien espero que no le moleste, considerando todo el circo que hice en la carrera de literatura, que lo incluya en mis links. Por cierto, parece que estan adaptando esta novela a cine.

Bueno, creo que me extendí bastante. Un abrazo a ti y a Ricardo. Gracias por todo.

Sovka dijo...

SIEMPRE QUE PASO POR AQUÍ ME LLEVO GRATAS SORPRESAS.
SALUDOS.
(www.sovka04.blogspot.com)

Julio Suárez Anturi dijo...

Conmovedora la historia de don Lole, don Dolores, dolores que fue su vida. Abrazo.

piter dijo...

No recuerdo a Don Lole; a quién si recuerdo es a Doña Chonita; también juntaba "desperdicios" para sus marranos; ella vivía sola como con 20 perros; vivía oculta atrás de la "loma"; la recuerdas?