lunes, marzo 06, 2006

CRÓNICAS MARCIANAS



Enormemente he disfrutado el libro que Paco Ramos (en el centro, entre José María su hermano, a la izquierda, y Ricardo a la derecha) – con su agudo tino literario - me regaló en Enero mientras Ricardo y yo nos tomábamos una cerveza con él en el Ítaca, ese mi barecito preferido de Murcia. De Ray Bradbury yo ya había leído Farenheit 451, Cuentos del Futuro (R is for Rocket) y Cuentos Espaciales (S is for Space), pero Crónicas Marcianas, que además está en la preciosa edición de 50 aniversario de Minotauro y tiene un prólogo de lujo por Jorge Luis Borges, supera por mucho a esos tres. A pesar de que esta novela se publicó en la década de 1940 la vigencia de sus reflexiones está lejos de expirar. Los ambientes futuristas, los solitarios paisajes oscuros del planeta rojo y sus extraños habitantes, sólo son el marco donde la talentosa pluma de Bradbury inserta las inquietantes cuestiones sin respuesta todavía y las reflexiones trascendentales que sólo revelan la condición egoísta y depredadora de la raza humana: ¿De ser capaces de llegar a otro planeta, lo arruinaríamos al repetir nuestros errores históricos? ¿Vomitaríamos en sus ruinas y bautizaríamos sus ríos y montañas con bonitos nombres terrestres borrando un legado histórico que no nos pertenece? ¿Destruiríamos sus vestigios culturales con nuestras absurdas guerras? ¿Llevaríamos nuestro racismo y nuestro afán de conquista a sangre y fuego como uno más de los pasajeros de nuestra carga dañina? ¿Envenenaríamos su aire y su tierra con nuestros desechos? Y seríamos como Tomás Gómez en ese fantástico cuento Encuentro Nocturno, incapaces de escuchar y comprender a nuestros nuevos vecinos? Más nos valdría no saberlo.

Gracias Paco Ramos por este tesoro.


2 comentarios:

el brujo don carlos dijo...

Hace tantos años que leí eso que casi no recuerdo. Me apetece releer a Bradbury, a A.C. Clarke, a Larry Niven, a... ¡Tantos libros y tan poco tiempo!

Un abrazo

Elpidia García dijo...

Tienes razón Carlos, la mayor parte de nuestro tiempo la absorben las responsabilidades y el sueño. Es una pena.

Abrazos.