domingo, diciembre 31, 2006

CENIZAS

Mientras esperaba que le entregaran las cenizas, observó los anuncios en la pared de la oficina de la funeraria y las urnas en venta en una vitrina de madera fina. Los precios eran absurdos. Una de las más caras se vendía en dos mil pesos. Parecía de buena plata y tenía una paloma tallada en la parte frontal. Había unas pequeñas, que parecían floreritos con tapa, como para repartir las cenizas en varias partes y entregarlas de recuerdo a los deudos de una familia grande. Se decidió por una de hojalata dorada adornada con unos pétalos de colores que costaba doscientos pesos. La más barata. La pagó y se la entregaron en una bolsa de terciopelo rojo con un lazo trenzado para cerrarla, luego volvió a tomar su turno en la sala hasta que la llamaran para la entrega de las cenizas. Un anuncio en una pared junto a la secretaria solicitaba personal para ventas por teléfono. Pensó que no sería un mal trabajo. Horario flexible, comisión de ventas, no estaría mal, mejor que en la maquila seguro, pensó. Se levantó para pedir información. Un joven con traje negro y corbata, con cara de cuervo, anotó una dirección y un teléfono al reverso de una tarjeta y se la entregó.
- Lleve una solicitud Printaform. Está abierto desde las nueve de la mañana.
- ¿Hasta cuándo van estar recibiendo solicitantes?
- Siempre estamos solicitando vendedores.
Intuyó que vender sepelios a futuro no era probablemente un trabajo de gran demanda. Alguien mencionó su nombre de una oficina al fondo. Guardó la tarjeta en su cartera y entró.
- Firme aquí por favor de recibido. ¿Trae la urna?
- Aquí está.
El hombre sacó la bolsa de plástico transparente con las cenizas de una cajita de cartón y la colocó con cuidado dentro de la urna de hojalata dorada. Se la entregó con una actitud de respeto practicada muchas veces. Tomó la urna y la metió en la bolsa de terciopelo rojo.
- Las cenizas podrían desperdigarse. Procure que la urna no se voltee. ¿La podemos ayudar en algo más?
- Este...sí. Necesito una carta de justificación para mi trabajo. Usted sabe, falté dos días. Algo que diga que mi padre falleció.
El hombre escribió una serie de números en un papelito y se lo entregó.
- El Certificado de Defunción se lo entregan en el Registro Civil con este número de folio. Tardará algunos días.
- No, es que yo necesito justificar esas faltas hoy, si no, no me pagarán la semana completa, ni el bono de asistencia perfecta mensual en la fábrica donde trabajo.
- En ese caso, le diré a la secretaria que le extienda una carta donde especifique que se le realizó el servicio funerario a su padre estos dos días. Tome asiento y en cinco minutos se la darán.
- Gracias.
Un grupo de personas llorosas entró a iniciar los trámites de un servicio funerario. El joven con cara de cuervo los recibió atento usando su mejor máscara de gravedad.
No mucho después salió de allí con las cenizas de su padre en las manos. Las luces indiferentes de la calle centelleaban o era el efecto de la humedad reprimida en sus ojos. Un sentimiento parecido a la tristeza aunado a los pensamientos confusos sobre la muerte se le arremolinaron formando un nudo duro en la garganta. Enfiló hacia alguna parte de la ciudad en la negrura de la noche.

1 comentario:

Don Melón de la Huerta dijo...

ikmwmElpidia:

Pues era lo único que te hacía falta! Rescatas aquí espléndidamente el lado tétrico de ser un trabajador en maquila (lo cual no tiene absolutamente nada de gracioso para quien conoce la experiencia, mas sin embargo es rescatable para el lector de la literatura de horror). Te elogiaría si acaso esto proviniera del todo de tu imaginación por darnos este sobresalto, mas sin embargo no lo hago tanto por eso sino por que has sabido nuevamente describir una realidad que a nadie le gustaría vivir y que sin embargo, cercanamente, lo sé, has visto por acá.

Gracias, Elpidia.