lunes, enero 09, 2006

QUARTO STATO EN EL BAR ÍTACA


De vacaciones navideñas por Murcia, a Ricardo y a mí nos gusta repasar las experiencias del día en una taberna de esas ya casi extintas, de las que tienen libros para regalar y vender. De esas donde puedes escoger desde un juego de ajedrez o de damas para matar el tiempo en las tardes o leer los principales diarios del país mientras te tomas una caña; puedes alimentar tus sentimientos de pertenencia a las causas justas del mundo leyendo folletos socialistas, pro-homosexuales, anti-capitalistas y pro-migrantes mientras escuchas canciones de la trova cubana, un jazz o una balada super romántica de Billy Holiday. En este barecito murciano también puedes llevar tus poemas y dejarlos a la vista de todos para que creas que el mundo escucha tu voz y albergues la esperanza de que algún día alguien publique tu mal reconocida poesía. Si eres músico, puede que te dejen cantar alguna tarde y si ya hasta grabaste un disco, el Ítaca tiene una vitrinita donde se exhiben para su venta que casi nunca sucede - sospecho - los discos de esos debutantes que esperan traspasar las fronteras con sus melodías. En fin, un bar de gente progre donde españoles, ecuatorianos, moros y turistas nos sentimos bien y bebemos mejor.

Frente a la mesa que solemos ocupar cuelga una pintura que vengo observando desde hace ya varios años cada vez que venimos a Murcia. Se trata de la reproducción de "Quarto Stato" del italiano Giuseppe Pellizza da Volpedo. Esta es una pintura de una fuerza extraordinaria por la determinación del que parece ser el líder de un grupo de trabajadores que va al centro, con la cabeza en alto y el paso decidido y firme. Tiene el rostro curtido y la mirada puesta en lontananza, casi transfigurada por el alma puesta firme en su ideal. Un compañero, quizá su brazo derecho, el camarada, le sigue a su derecha y una mujer, que pudiera ser la suya, parece tratar de disuadirlo de continuar hacia adelante apelando posiblemente a la familia, pues lleva al niño en brazos, que puede quedar desprotegida si a él le pasara algo. Los compañeros detrás, numerosos y harapientos, van unidos y algunos dan la impresión de que dudaran o de que están allí porque no les dejan más remedio. No están armados, lo que hace suponer que es un acto de protesta y tal vez han dejado de trabajar. Una huelga? Una sola mujer en el grupo es señal de que su participación en este tipo de asuntos no era bien vista o tenía demasiadas ocupaciones familiares. Al incluirla, el autor destaca la valentía y la importancia de su solidaridad. Quien más sorprende en la pintura es el líder desde luego pues la genialidad de Pellizza da Volpedo logró captar el espíritu inquebrantable de su voluntad. Ojalá hubiera más líderes en el mundo que tuvieran ese talante.
Por cierto que existe un cortometraje independiente de Emilio Mandarini sobre la vida de Giuseppe Pellizza da Volpedo. Más información aquí:

2 comentarios:

el brujo don carlos dijo...

El próximo verano iré a Mucia a tomar unas cervezas con vosotros en el bar Ítaca :)

Elpidia García dijo...

Sería fantástico Carlos, dalo por hecho.