viernes, enero 19, 2007

DESGRACIA. POR J.M. COETZEE (1999)

Fragmento
"Es un asunto escabroso estar así a oscuras, espiando una muchacha (sin querer, la palabra rijoso le pasa por la cabeza). Sin embargo, los viejos a cuya compañía parece a punto de sumarse, los mendigos y los vagabundos de gabardinas raídas y manchadas, de dientes postizos y orejas peludas…todos ellos fueron también en su día hijos de Dios, seres de extremidades rectas y mirada limpia. ¿Se les puede echar la culpa por aferrarse con uñas y dientes al sitio que todavía ocupan en el dulce banquete de los sentidos?"


En mi adolescencia leí un cuento del que ni siquiera recuerdo el título ni el autor en el que una mujer vieja hace una visita al médico. Sin levantar la vista siquiera y con gran vergüenza, le dice al doctor la causa de la consulta. Quiere saber cuándo se acaba "eso". Cuando el médico logra comprender el "eso", le explica que el deseo termina con la vida misma. La mujer sale del consultorio cabizbaja y triste. Tal impresión me causó el relato, que tengo un vívido recuerdo de los sentimientos que esa lectura me dejó. Fue como atisbar un poco a ese futuro decadente de la carne al que todos estamos condenados, un "mira lo que te espera", pese a la frescura interna de los instintos que conservemos cuando nos alcance el tiempo.
Un tema poco abordado por la literatura es el erotismo y el deseo durante la vejez. En Desgracia, Coetzee cavila mediante su personaje principal sobre la complejidad de este asunto y lleva al lector a descubrir la intolerancia de una sociedad que a través de los siglos se ha auto impuesto el imperio del raciocinio por encima de los impulsos. Por ello, el trato íntimo entre personas de distintas generaciones es visto como escandaloso y hasta aberrante. A lo menos, provoca la imaginación desbordada de los libidinosos.
En Desgracia, David Lurie, un profesor universitario divorciado y con una hija, hace un recuento de sus experiencias sexuales con prostitutas para luego enamorarse e iniciar una breve aventura de alcoba con una estudiante treinta años menor que él. Pero su atrevimiento es descubierto por las autoridades universitarias y es imputado por acoso sexual, lo que lo lleva a abandonar su puesto y a reencontrarse con su hija Lucy, en una granja donde las culturas de blancos y negros luchan por coexistir. Allí, intentará recomponerse y olvidarse sin conseguirlo de la pasión inherente a su naturaleza. Los acontecimientos terribles en la granja, lo llevarán a replantearse su papel paterno y a tratar de salvar su relación con su hija.
Pero decir que Desgracia es un ensayo sobre el deseo, el erotismo y el envejecer es minimizar el talento que el escritor ganador del Premio Nóbel de Literatura en el 2003 despliega en esta magnífica novela. Mientras desliza la melancolía de su fuego que no extingue entre sus páginas, David Lurie escribe una ópera sobre Byron y Teresa donde exalta la inmortalidad del amor y durante su estancia en la granja, descubre el valor de la solidaridad; del amor a los animales y a la naturaleza; de la tolerancia a las culturas diferentes y a la diferencia en las formas de ver el mundo.
Desgracia es una novela profunda que nos sumerge en los intersticios del alma y nos deja reflexionando sobre la verdad de las bases en las que hemos fundamentado los valores de nuestra sociedad.

Desgracia. Editorial de Bolsillo. Edición en castellano: 2000

1 comentario:

Ruben dijo...

suena muy bien, este escritor buscare algo de el, pase por aqui no me tengan miedo, aqui leyendola como siempre.microman