viernes, noviembre 12, 2004

BAILE ANUAL DE LA MAQUILA

Hay entusiasmo ya desde una semana antes del baile navideño de la maquila. Especialmente entre las mujeres, quienes invierten buena cantidad de tiempo y dinero en prepararse para lucir espléndidas. Las que son solteras sienten cosquillas en el estómago (y en otras partes más secretas del cuerpo) por la expectativa de bailar con el depositario de sus provocativas miradas. Las casadas se alegran de –cuando menos una vez en todo el año- reestrenar su femineidad oculta casi todo el tiempo por la bata rota y manchada; de ponerse al fin unos lindos tacones y olvidarse de los zapatos de seguridad reglamentarios; de soltarse la melena y adornarla con rizos o con algún adorno con brillantes. Conforme se acerca la fecha, todas como chiquillas bulliciosas recorren las tiendas en busca de vestidos de gala en oferta y se desesperan por no encontrar los accesorios a tono.

Los muchachos, más pragmáticos de naturaleza, se conforman con un nuevo pantalón o camisa, o con pedirle el traje a algún pariente de la misma talla. La corbata es lo de menos y no importará si hace juego, al fin que una vez comenzado el baile irá a dar al bolsillo necesariamente. Algunos, a la usanza de la moda en su pueblo, preferirán el pantalón vaquero con botas de imitación de piel exótica, cinto pitiado y un buen sombrero para que todo el conjunto exalte su casta de macho que las puede todas.

Una pregunta obligada se repite por todas las líneas de producción, en los baños y en la cafetería días antes. Irás al baile? Hasta los más viejos a veces se animan y se deciden a asistir para desfogar el cuerpo y aprovechar que habrá de correr generosamente el vino y que más de una estarán dispuestas a sacudir el esqueleto junto con ellos en la pista.

Al llegar al salón los piropos y las exclamaciones de admiración se reparten con abundancia. Las muchachas, vanidosas, están irreconocibles en esos vestidos que marcan el talle y resaltan los atributos. Y los hombres –de zapatos tenis siempre en la fábrica- asombran a todos con el cambio radical de sus atuendos.

Comienza la fiesta y la alegría del baile en la pista, y el ambiente se calienta conforme los cuerpos se acaloran con el vino, los ritmos de la música y los roces, los aromas de perfumes y de cuerpos. Los deseos se exacerban en crescendo con las luces, los colores, la cercanía, los escotes impudentes y los choques imprevistos de las parejas girando por la pista. Y como Cenicientos todos al fin, quisieran que nunca la fiesta acabara y cada cual con su príncipe o princesa al otro día despertara.

1 comentario:

circe dijo...

Elpidia, con tu post me han dado enoormes deseos de bailar !!!!!
Saludos y que vivan las fiestas!