miércoles, noviembre 16, 2005

RELEO A RULFO


"Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de su aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo. Este es uno de esos pueblos, Susana.
Allá, de donde venimos ahora, al menos te entretenías mirando el nacimiento de la cosas: nubes y pájaros, el musgo, te acuerdas? Aquí en cambio no sentirás sino ese olor amarillo y acedo que parece destilar por todas partes. Y es que éste es un pueblo desdichado; untado todo de desdicha."

Sin decidirme por ninguno de los libros en espera de ser leídos, tomé – una vez más – la imprescindible y nunca desdeñable novela “Pedro Páramo” de Juan Rulfo en una edición poco atractiva de Planeta que también incluye la colección de cuentos “El llano en llamas”. Cada vez que no tengo claro con qué libro continuar mi lectura de cabecera, inevitablemente caigo en las redes de mi autor favorito en el que siempre descubro nuevas vetas de estremecimiento. Mi afición es masoquista, pues tanto con “Pedro Páramo” como con “El llano en llamas” la angustia (“El Hombre”, “Diles que no me maten”); el sufrimiento (“Talpa”, “No oyes ladrar los perros”); la muerte (“Pedro Páramo”, “Anacleto Morones”, “La Cuesta de las Comadres”) y la desolación (“Luvina”); o un poco de todo en cada uno de sus cuentos y su única novela, llena el alma de desazón y descorazonamiento. Si acaso, Rulfo nos permite un respiro de la tristeza y en su cuento “El Día del Derrumbe” deja por fin - y no parece desatinada la posición casi al final de El llano en llamas- que su aguda ironía del político demagógico recitando largos discursos cargados de rebuscada palabrería, nos refresquen con alguna carcajada pues las semejanzas con políticos de este tiempo no son lejanas.

Hace ya 50 años (Pedro Páramo, 1955; El llano en llamas, 1953) que la reducida pero monumental obra de Juan Rulfo apareció por primera vez en México. Tal vez queda poco o nada por decir de la excelencia de su obra dado el impacto que Juan Rulfo ha tenido fuera de México pero quien lee - o relee como yo- a Pedro Páramo, ya sea un crítico literario, intelectual, lector entrenado o simple trabajador de la maquila como yo, querrá volver a leerla para intentar comprender su complejidad: destejer la soledad de los personajes, la temporalidad en que se mueven sus experiencias, la poesía escondida en la muerte y en los parajes desolados, y así tal vez encontrarse uno mismo y congraciarse con la muerte, no así con el padre buscado pero no encontrado, pero “desmoronado” como lo hizo Juan Preciado.

Releo a Rulfo y hay algo que me duele dentro. Será que me reconozco en los escenarios; será que me doy cuenta de que los campos empobrecidos que lo inspiraron a escribir permanecen estáticos como en una foto. Será que los muertos de la no-ficción de la miseria siguen llenando los panteones. Será que las venganzas de los pobres como los “Rulfianos” siguen apareciendo en los diarios. Que la religión sigue oscureciendo la claridad del mundo. Será que seguimos viviendo en el mismo infierno de Comala y de Luvina, y de Talpa...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

hola soy el micro, ya que vi el nombre de su blog me parese muy cuerente que entre almio y que se una a esta protesta que escribi en contra de los medio de comunicacion y del presidente municipal y del gobernador del del estado. www.microman.blogspot.com

nacho dijo...

Je, como que un viento romántico del siglo XIX se apodera de tí. Disculpa pero los escenarios que mencionas no permanecen iguales en ningún sentido. La gente ha emigrado en grandes proporciones, el hambre no perdona. Si vas a los ejidos que Rulfo noveliza, encontrarás que te venden artesanías, parajes turísticos y rutas cinegéticas.

No hay para qué echarle crema a los tacos.

¿Mató Juvencio a Don Lupe Terreros en aras de la justicia, o fue un pretexto para dar fin a un régimen de competencia que existía entre ellos?

¿Deseaba Justino salvar a su padre o actuaba acicateado por un deber moral como hijo?

¿Era el coronel un criminal vengativo o sentenció a Juvencio en un desplante justiciero?

un saludo. nacho mondaca

humphreybloggart.blogspot.com

Elpidia García dijo...

Microman, leí con interés algunos de tus escritos. Me alegra saber que hay coincidencias en el carácter de denuncia que despliegan nuestras respectivas bitácoras. Una pena que no permitas comentarios y ni siquiera haya manera de enlazarte.

Saludos

Nacho,

Bienvenido a mi espacio bloguero. Me parece que romanticismo hay mucho en todos los que hemos decidido mantener una bitácora. Respecto a los escenarios, no sigue nuestro campo empobrecido, abandonado e improductivo como en la época en que Rulfo escribió Pedro Páramo? No son los productos del agro mexicano incapaces de competir con los de nuestros vecinos del norte por la falta de apoyos del Gobierno y por el subsidio a los agricultores norteamericanos de su Gobierno? No son la mayor parte de los emigrantes mexicanos campesinos hartos de no sacar ni para comer? Perdona pero las estadísticas dicen que el campo se está muriendo y eso era lo que ya pasaba desde la Revolución.

En cuanto al cuento "Diles que no me maten" al que haces referencia, Juvencio Nava en el texto dice: "Pero después, cuando la sequía, en que vio cómo se le morían uno tras otro sus animales hostigados por el hambre...."

..."se puso a romper la cerca y a arrear la bola de animales flacos ..."

Esto nos lleva a concluir que tal vez no hubiera igualdad de condiciones entre Lupe Terreros y Juvencio Nava - a pesar de ser compadres, no tenían por qué ser de la misma condición- y por lo tanto, Juvencio matara a Don Lupe por su obcecación en negarle lo que para él era justo compartir.

Yo no creo que Justino deseaba salvar a su padre. Si va a interceder por su padre va por la insistencia de él y porque tal vez lo considera un deber. Y en cuanto al coronel, mi opinión es que fusila a Juvencio porque es imperdonable que siga vivo el asesino de su padre teniendo él el poder y la autoridad para "hacer justicia". Es el autoritarismo, que sigue campeando, y que Rulfo retrata en toda su obra.

Saludos,

Elpidia