domingo, noviembre 06, 2016

Gozos y sombras en Torceduras, de José Jasso

                                                                          


Texto íntegro como lo leí en la presentación de "Torceduras", el 2 de octubre del 2016               


 “El derecho a la identidad es el derecho a decir lo que soy, 
lo que estoy siendo, es también el derecho a imaginarme”
 Liliana López Borbón


Agradezco a mi amigo José Jasso por invitarme a comentar su publicación y sobre todo a ustedes por su interés en los libros y por conocer y adquirir esta plaquette titulada Torceduras, la cual leí con gran placer. Conozco a José y su interés por la literatura y el oficio de escribir desde hace ya varios años, pues coincidimos por algún tiempo en el taller de narrativa del Ichicult coordinado por el maestro José Juan Aboytia. Tanto José como yo hemos trabajado en la maquila, bueno, él sigue trabajando allí, y ambos sabemos lo complicado que es encontrar tiempo para escribir cuando se tiene un trabajo tan exigente, por eso me alegro mucho de que José siga esforzándose en este camino del solitario oficio de escribir. Quiero comentarles que en el tiempo que confluimos en el taller, tuve una muy buena impresión de los cuentos de José en cuanto a su estilo narrativo y sus historias, así que no tuve ninguna duda de que los cuentos de Torceduras serían un festín, por ello desde ya los invito a todos a comprar y a leer esta su primera publicación. En mi comentario, solo alimentado por mi curiosidad lectora y mi modesta experiencia en escribir, intentaré darles algunas razones para animarlos a que lo hagan.  
            Cuando uno escribe, se expone como si fuera otro ante el lector, se convierte así en un escaparate, un espécimen dentro de un frasco; por ello, es necesario ser honesto y sincero al compartir el abanico de experiencias propias o imaginadas. Es esa autenticidad que encontré en Torceduras, y que el lector atento apreciará al poder identificarse con las emociones que el autor quiere transmitirnos. Sí, escribir requiere valentía, ya que estamos revelando secretos de nuestra identidad, exteriorizando a través de los personajes y la ficción, intimidades o preocupaciones. Esa osadía ideológica fue la que  advertí en la lectura de Torceduras: una escritura en la que el autor, libremente y sin tapujos, nos ofrece en cinco historias, la búsqueda y el ejercicio del placer sexual en la que los personajes intersexuales cuentan la vida a la que se enfrentan desde su condición de homosexualidad. Puedo asegurarles que, a pesar de lo explícito de la narración de algunos encuentros sexuales, su lectura no causa perturbación ni incomodidad ya que José hábilmente combina su explicitud con gran sentido del humor, ironía, lucidez y ternura.
            Podemos clasificar este trabajo como literatura queer, un término que por fortuna surgió para diferenciar la literatura gay y la literatura queer, que abarca la diversidad de homosexualidades “a partir de la década de los ochenta, y que ha influido en estudios sociales y antropológicos, cuando las estadounidenses Judith Butler (1956) y Eve Kosofsky Sedgwick (1950-2009), las mayores teóricas de los estudios queer cuyos postulados han servido para el estudio de muchas obras literarias que, por su condición inclasificable, escapaban a las técnicas rudimentarias de la crítica literaria convencional. Pero es David Leavitt (1961) quien, en su ensayo «Fuera del clóset y del estante», quizá sin pretenderlo, marca la diferencia entre la literatura gay y la literatura queer (o «post-gay», como él la llama)”, según explica el escritor Sergio Téllez-Pon en su ensayo Por una literatura queer.
            Otra de las vertientes de la literatura queer, es la parte lingüística. En ese sentido, encontré que en estos textos, la gran estrella es el lenguaje: como autor fronterizo, José abunda en extranjerismos y despliega un repertorio de habla gay espléndido. Unos cuantos ejemplos: En Encrucijada: “un joto que no la mama es como una mariposa sin alas”; o éste de Hombre soltero busca: “busco activo para sexo a pelo”; o éste de Puterías: “Imagínate, tantos años de marquesa y no saber cómo se mueve el abanico”.
            Hay en los textos un rasgo que tiene que ver con un marcado exhibicionismo de la diferencia desplegado por sus personajes, mas éstos, aunque siempre ansiosos de llenarse del gozo del amor erótico, también tienen orgullo y estima de sí mismos. Por ejemplo, en el cuento titulado Hombre soltero busca, el protagonista insatisfecho busca por internet parejas fines a sus preferencias y fantasea con la idea, pero tiene que conformarse con “el pelado”, al que califica de “sexualidad indefinida”; o como en el gozoso cuento Encrucijada, que prefiere perder una pareja con la que el sexo es más que satisfactorio, que pagarle por sus favores: cito un breve fragmento: “El caso es que estaba lista para pedirle matrimonio cuando pronunció las palabras más horribles que me pudiera decir ese hombre. —Necesito arreglar mi carro. ¿No me puedes prestar un quinientón?—”… “Como toda mujer que se respete preferí mi dignidad, mi amor propio. Le expliqué que cuando quisiera podía tener a su disposición todo lo de beber, pero ni un cinco en efectivo. No se agüitó, después de decir “no hay pedo” se despidió con un beso tan intenso que volví a caminar como Bambi.”
            La literatura de José Jasso nos lleva a la iniciación, al descubrimiento placentero del sexo, pero también al “intercambio de soledades y patetismos” como lo expresa el protagonista de Puterías. Soledades que los personajes asumen con la resignación de siglos de opresión y homofobia. Nos introduce asimismo, sin atisbo de melancolía, en los avatares de la promiscuidad, la prostitución homosexual y el “desmadre emocional” que encuentra sus pares en los personajes de las “amigas”, que juntas, comparten identidades, tribulaciones, alcohol y sexo, como en el cuento Encrucijada.
            En los tiempos que corren donde se hace necesaria una aceptación de la diversidad, de la diferencia, del reconocimiento del otro, de la necesidad de comprender la intersexualidad, esta condición de la existencia de estados intermedios entre el macho y la hembra, Torceduras, de José Jasso, nos cae como un chorro de agua fresco, alegre, vistoso, en la producción literaria juarense, que esperamos sea un ejemplo también para que otros escritores se animen a escribir con libertad sobre la sexualidad, sus goces y sus sombras. Deseo que esta pequeña publicación sea solo un pequeño adelanto de una obra queer más amplia donde podamos apreciar en todo su esplendor a este gran escritor que es José Jasso y que sabemos que tiene mucho que ofrecer.      

            Finalizo con una cita del joven escritor y pornógrafo Sergio Téllez-Pon: “El futuro queer ya está aquí y se presenta de distintas maneras. No hay por qué temerle, seguir soslayándolo o nombrándolo a medias. El reconocimiento de la literatura queer enriquecerá en gran medida la crítica literaria, seguirá produciendo obras capitales en las literaturas de todas las lenguas y, sobre todo, hará una sociedad más diversa.”

José Jasso es escritor juarense. Tiene 45 años y entre otras carreras, inició la de Licenciatura en Literatura Hispanomexicana. Sólo concluyó la de Ingeniería Industrial, la cual ejerce en la industria maquiladora. Aunque escribe desde la infancia, ha podido concluir algunos textos cuando inició su etapa de becario en el Ichicult con Agustín García como coordinador y después con JJ Aboytia. Sus cuentos han sido incluidos en dos libros y algunas revistas.

No hay comentarios.: