domingo, octubre 31, 2010

LA POLICÍA REPRIME A ESTUDIANTES JUARENSES



Los últimos disparos en contra de estudiantes en México de los que teníamos memoria fueron el 2 de Octubre de 1968. Hace 42 años exactamente, en Tlatelolco, como muchos recordarán. Eso fue hasta el viernes 29 de Octubre, cuando agentes de la Policía Federal dispararon contra estudiantes universitarios que se manifestaban pacíficamente contra la militarización y la violencia por las calles de Ciudad Juárez. Cuando llegaban al Instituto de Ciencias Biomédicas para iniciar un Foro en el que se programaron varias actividades culturales, patrullas federales se apostaron frente al Instituto y dispararon contra los estudiantes. Darío Álvarez Orrantia, de 19 años, estudiante del primer semestre de la carrera de Sociología, recibió una bala por la espalda que hizo estragos en sus vísceras como puede apreciarse en el video. La cadena de crímenes que asolan la ciudad se incrementa cada día, así como la variedad y nivel de crueldad de éstos sin que la sociedad vea que los responsables sean perseguidos y juzgados. Los ciudadanos esperábamos que los niveles de delincuencia disminuyeran en la misma proporción en que se aumentaba la vigilancia militarizada que se mantiene en la ciudad desde hace tiempo. No ha sido así. Todos los días los diarios nos muestran las trágicas evidencias de una guerra sin cuartel entre los cárteles que se disputan la supremacía de la venta de drogas. En las estadísticas no hay sólo adictos vendedores y compradores, sino niños, policías, agentes de tránsito, extorsionados y extorsionadores, periodistas, víctimas de fuego cruzado, mujeres embarazadas. El gobierno no ha sido capaz de mostrar resultados congruentes con su discurso, que incluso a nivel internacional parece recibir congratulaciones. La sociedad, abrumada hasta lo inconcebible está saliendo a las calles. Las organizaciones están movilizándose. La represión puede ser el detonante de un estallido social y el ambiente está caldeado. El disparo que pudo haber matado a Darío Álvarez fue un acto excesivo e irresponsable y representa una violación grave a la libertad de expresión y la manifestación de las ideas. La sociedad juarense ha condenado ya estos hechos en todos los medios. Es urgente que el Estado proporcione respuestas creíbles y verificables y cese cualquier acto que lesione los ya de por sí vapuleados derechos de los juarenses. Exigimos que los responsables del intento de homicidio de Darío sean detenido y juzgados.

Las últimas noticias sobre Darío indican que está estable y fuera de peligro por ahora, después de una cirugía en la que fue necesario cortarle ochenta centímetros del intestino delgado.


jueves, octubre 28, 2010

HABÍA CRUZADO LOS DEDOS


Había estado manteniendo los dedos cruzados por que la ola violenta y roja que se nos echó encima sin saber muy bien cómo ni cuándo, no llegara a los trabajadores de las maquilas. De igual forma que esperaba que las balas con un nombre en la punta no alcanzaran a los niños, a los que cruzaban la calle, a las mujeres esperando un hijo. Hubiera deseado que las mujeres no se hubieran llenado las manos de sangre por dos mil pesos. Y que la muerte no se repartiera como granos de arroz en una boda o semillas en el campo.

Hubiera hasta rezado porque nadie gozara con regodearse con la agonía; que la muerte, ya que se empeña, llegara expedita, sin dramatismo.

Pero ni que la muerte la repartieran sólo los hombres. Ni que los asesinos se detuvieran a pedir credenciales, comprobantes de edad o pruebas de embarazo. Aquí la muerte no hace concesiones. Se desgrana ya sin mirar, sin odio ni emociones. Desde cinco centímetros a un metro noventa somos todos elegibles. Si no para morir, para ser secuestrado, para que alguien se quede con el botín de lo que traigas en tus cuentas. Veinte pesos o veinte mil, no importa, tarde o temprano alguien tocará a tu puerta, llamará a tu teléfono exigiendo, amenazando. Si para morir, la variedad es infinita. Según el verdugo, el tiempo y las formas para quitarte la vida.

Se han puesto armas en manos de miserables para matar miserables casi siempre. Alguien dice dispara, si no lo conoces no sentirás nada. La muerte sin odio se vuelve absurda, descabellada.

Los sicarios ahora disparan a trabajadores que ganan sesenta y siete pesos diarios cuando van de regreso a casa. No van tras ellos, pero es igual. La muerte así es, no tiene motivo, elige a las víctimas en una lotería. Y se extiende como una mancha roja.

Había cruzado los dedos, pero no funcionó.


Diario de Juárez 10/2872010: Rafaguean camiones de transporte de personal. Hay cuatro muertos.


lunes, junio 21, 2010

LA CUNA BLANCA

La Cuna Berthe Morisot 1872

En las orillas del colchoncito de la cuna blanca, agazapados bajo el cordón que lo bordeaba tanto arriba como abajo, las chinches esperaban pacientemente el momento de conseguir su alimento o perecer de inanición. Su volumen disminuido por el hambre las mantenía ocultas de un golpe de vista y a menos que a alguien se le hubiera ocurrido inspeccionar detenidamente el colchón y cada resquicio y grieta de la madera donde descansaba, las chinches pasarían desapercibidas hasta el momento en que una víctima les ofreciera su precioso líquido vital. Hasta no hacía mucho tiempo habían chupado la sangre de una pequeña criatura deliciosa cuando de pronto ellas y la cuna con su colchón azul fueron arrumbadas en un rincón oscuro y húmedo de un cuarto inhabitado de la casa. Desde entonces permanecieron sin mover sus regordetes cuerpos perezosos como reyezuelos esperando la atención de una corte arrodillada.

En los largos meses que siguieron, algún gato y un que otro ratón que encontraron refugio pasajero sobre el colchón para mitigar el frío, mantuvieron con vida a las chinches más fuertes y rápidas para aferrarse a los cuerpos tibios que huyeron no mucho después de descubrir a las pequeñas sanguijuelas. Si la naturaleza lo hubiera permitido habrían podido escuchar el sonido de una llave abriendo la cerradura de una puerta seguida de unas voces que inauguraron el silencio largamente contenido.

- Llévese esas cajas con zapatos viejos, aquellas bolsas con ropa y ese ropero también. Con una mano de barniz lo puede vender a buen precio, mire, si ni el espejo está roto.

- Sí señora, ahora subo todo a mi camión. Y aquella cuna blanca en el rincón ¿también se va a deshacer de ella? Dijo el hombre evaluando con mirada de periscopio todos los trastos de la habitación llena de polvo y en desorden.

- Sí, claro, llévesela también. Necesito vaciar las habitaciones para empezar a arreglar la casa. Lo que no se lleve, lo tiraré a la basura. No entiendo por qué los antiguos dueños no se la llevaron si se ve en buenas condiciones.

El ropavejero subió todo al viejo camión con urgente necesidad de una mano de pintura pensando en sacar algún dinero con la venta de los trastos encontrados, sobre todo por la cuna que a pesar de todo era bonita y no tenía maltrato. Las chinches no salieron de su letargo sino hasta sentir el traqueteo de la cuna y entonces despertaron a la vida.
La brillante luz del sol magnificada por la blancura de la cuna pegó de lleno en el colchón y los pequeños vampiros debilitados se replegaron encogiéndose aún más en las rendijas y en los dobleces de la tela azul como soldados en sus trincheras bajo un ataque desigual.
La cuna fue a parar al patio del hombre que comerciaba con la paradójica condición ambivalente de los objetos. Inservibles para unos, imprescindibles para otros. Su mujer pondría en venta la mercancía variopinta al día siguiente mientras el ropavejero, iluso gambusino, emprendía un nuevo recorrido en su búsqueda de artículos que la gente ya no quería para ganarse la vida.
Un viernes por la tarde Lucía descubrió la cuna. De regreso a casa desde la esquina donde bajaba del autobús pasaba a diario por donde el ropavejero y su mujer exponían las cosas ya desempolvadas y un poco arregladas para su venta. Pensó en la cama de tamaño individual donde José, que tenía ya casi dos años, y ella dormían apretujados sin espacio para extenderse a sus anchas. Después de preguntar el precio malabaró mentalmente el escaso salario que acababan de pagarle en la maquiladora de arneses y a pesar de saber que lo que quedaría apenas alcanzaría para el bote de leche de José, la ilusión de la cuna la impulsó a comprarla.
- ¿Cuánto por la cuna, señora?
- Quinientos pesos.
- ¿No me la puede dejar en cuatrocientos?
- Bueno, mire, por ser mi vecina, se la dejo en cuatrocientos. Vale mucho más, ¿eh? Fíjese que hasta el colchón está casi nuevo.
Lucía sacó el monedero y le dio dos de los tres billetes de doscientos pesos que llevaba y a la vieja se le alegraron los ojos.
- ¿Pero cómo me la llevo?
- Mis hijos se la llevan hasta su casa.
La efímera felicidad de la mujer del ropavejero se empezó a evaporar conforme los dos jóvenes que ayudaron a llevar la cuna hasta la casa que no quedaba lejos de allí se alejaron.
Algunas chinches salieron volando cuando Lucía aporreó el colchón con una sábana para quitarle el polvo y los pelos de gato que tenía encima antes de meter la cuna a la casa. El sol ya se había puesto y no pudo ver las chinches que quedaron escondidas, aferradas a la tela con los pelos de sus patas. Puso la cuna junto a la cama y colocó una sábana limpia y una pequeña almohada encima del colchón antes de acostar a José en ella. Su mirada recorrió los pocos muebles de la única habitación y comprobó que el mejor de todos era la cuna blanca que acababa de comprar. Cambió el pañal mojado de José, preparó su biberón y se sentó en la cama frente a la cuna mientras lo tomaba. José la miraba sonriendo mientras succionaba su leche y poco a poco se quedó adormecido con las caricias de su madre.
Lucía tenía hambre y cenó lo poco que encontró. Se fumó un cigarro mientras le daba vueltas a las ideas intentando encontrar una manera de resolver sus problemas económicos. Se acostó sin respuestas como todos los días pero no tuvo tiempo de llorar. Se quedó dormida enseguida.
El calor que desprendía el cuerpo de José en la cuna despertó a las chinches. Sacaron sus pálidos cuerpos moribundos de los recovecos de la madera y el colchón azul y corrieron en tropel hacia su nueva fuente de alimento. Inyectaron sus trompas y chuparon la sangre de José hasta dejar los cuerpos negros y henchidos. Saciados, volvieron a sus escondites con dificultad para repetir la operación cada noche.
Lucía no notó las picaduras hasta algunos días después, cuando José se revolcaba inquieto en la cuna llorando por la comezón. Al principio creyó que se trataba de algún mosquito, pero al quitar la sábana del colchón para lavarla notó los rastros negros, evidencia del hartazgo de los insectos. Revisó entonces más detenidamente y pudo ver a los felices insectos y a su nueva progenie mostrándose sin pudor. Asqueada, sacó entonces el colchoncito azul y la ropa que había sobre ella al frente de la casa y les prendió fuego. Examinó luego la cuna y allí, en cada hueco, la negrura de batallones de chinches habían hecho su refugio. La cuna estaba en contacto con el colchón viejo y roto de la cama donde dormía Lucía y fue fácil descubrirlas también allí adueñadas ya del espacio de sus sueños.
Las chinches se apelotonaron inútilmente en los extremos del colchón mientras las llamas crepitaban. ¡Cuánta tenacidad para existir consumida en tan brevísimo instante!
Ya era de noche cuando Lucía terminó de quemar la cuna, su colchón y la ropa de cama que la vestía. Buscó unas mantas viejas y las puso en el suelo para acostar a José. Ya no le dio vueltas a las ideas para buscar solución. Se sentó en una silla y se fumó un cigarro. Lloró.

Elpidia García
Enero 2009

martes, junio 15, 2010

CAJA ROJA DE HERRAMIENTAS

Esta mañana encontré a Delfino, hasta ayer siempre dicharachero y relajado, llorando a viva voz recargado en una de las columnas interiores de la fábrica. La caja roja con las herramientas en el suelo. Yo iba pasando aprisa en dirección al área donde se reciben los materiales para dar las primeras instrucciones del turno. Impertérritos, algunos lo miraban con lástima sin abandonar sus tareas.

Regresé mis pasos hacia Delfino y lo abracé ante las miradas de decenas de trabajadores. ¿Qué puedes hacer cuando ves a alguien llorar tan desconsoladamente? Así abrazado me lo llevé afuera para que desahogara el sentimiento y para que escondiera la desnudez a la que lo exponía el llanto. Se dejó llevar como un muñeco de trapo hasta un rincón con sombra. Las lágrimas corrían demasiado abundantes para un hombre en sus cincuentas que se les da de duro. Unas manos toscas con las uñas ennegrecidas colgaban inertes a los lados del cuerpo del hombre que ocupaba su tiempo dentro y fuera de la fábrica en manejar herramientas, aceites, gasolinas y solventes. Le quité el desarmador que llevaba sin saber muy bien por qué y ya lejos de las miradas le dije: respire profundo Delfino, recompóngase hombre. Y dígame qué le pasa y si lo puedo ayudar en algo. Escuché mis propias palabras devolvérseme como un eco al estrellarse en la montaña, sin llegar a ningún lado. Mientras se calmaba poco a poco miré el cielo sin nubes y sentí el viento matinal ya caliente. Será un día infernal, pensé.

Con la voz entrecortada se sinceró conmigo:

- ¡Es que de pronto me sentí tan triste! ¡Siento que ya no puedo más!

Yo sabía de qué hablaba y el peso que Delfino cargaba como un condenado y no atiné las palabras de consuelo para un dolor de ese tamaño. Lo encaminé a la enfermería. Tenía la presión alta. Le dieron un calmante y allí lo dejé deseándole que se sintiera mejor pronto.

Una hora después lo encontré con la mirada ausente ajustando una máquina que había fallado, la caja roja con las herramientas a un lado.

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Daniel estaba inclinado bajo el cofre levantado. Maniobraba en el motor del carro intentando quitar una banda que se había roto. Su padre estaba debajo del carro quitando tuercas para quitar una pieza. Los dos arreglan carros después del trabajo en la maquila en la cochera de la casa que usan como taller. Un carro se acercó haciendo rechinar las llantas. Un arma que asomaba escupió en un instante los balazos que se incrustaron en la cabeza y el cuerpo antes de que Daniel pudiera voltear hacia la calle para ver a sus enemigos que dispararon sin bajarse. El padre salió tan rápido como pudo. Corrió y se colgó de una de las ventanillas con el carro en movimiento. Gritó algo inhumano al que blandía la pistola mientras grababa a fuego su rostro en la memoria. Cayó al suelo y los asesinos huyeron. Regresó al taller y colocó al hijo por el que ya no había nada que hacer para que expirara en sus brazos los últimos instantes de sus veintiún años.

domingo, junio 06, 2010

SUDOR EN LAS MAQUILAS



La Primavera no ha terminado todavía y ya nos golpea un calorón de 42 grados centígrados en esta frontera azotada ya por muchos otros flagelos. Para los que tienen su aire acondicionado esto no es problema siempre y cuando paguen el estratosférico recibo que la Comisión Federal de Electricidad les hará llegar con toda puntualidad, cómo no! Pero en muchas de las empresas maquiladoras con tal de ahorrarse una buena suma en el servicio eléctrico, ya de por sí pagan bastante por toda la maquinaria funcionando dos o hasta tres turnos de trabajo, mantienen los aparatos enfriadores de aire funcionando al mínimo o algunas otras ni siquiera los encienden, así que imaginen el ambiente caldeado bajo el que miles de trabajadores realizan sus labores. Debería haberse incluido una cláusula en el Tratado de Libre Comercio (NAFTA) donde se especificara que debería ser obligatorio para las empresas el proporcionar un ambiente digno para los trabajadores de las maquilas.

Encontré este video de la película Real Women Have Curvs (Las Mujeres Verdaderas tienen Curvas, dirigida por la colombiana Patricia Cardoso, 2002) que puede darles una idea muy aproximada de cómo se sienten las trabajadoras de una fábrica textil, donde las condiciones de explotación laboral suelen ser peores que en las que se dedican a otro giro. Métanse en la piel de ellas mientras lucen la moda confeccionada bajo duras condiciones de trabajo.

lunes, mayo 24, 2010

FUTURO INCIERTO PARA HIJOS DE LAS TRABAJADORAS DE LA MAQUILA


La falta de suficientes guarderías para cuidar y atender a los hijos de las trabajadoras mientras trabajan en las empresas maquiladoras pone en riesgo la salud, la seguridad y en general los derechos de los niños en Ciudad Juárez.

Según Lourdes Almada, portavoz de la red de 12 organizaciones no gubernamentales Mesa de la Infancia, sólo hay 29 guarderías en esta ciudad que atienden a 7 mil niños de los 165 mil menores de seis años, hijos de las 80 mil mujeres trabajadoras de la maquila. Estos niños quedan en manos de familiares, desconocidos y hasta de sus propios hermanos mayores y un gran porcentaje sufre maltratos y están inadecuadamente alimentados y educados.

Debido al entorno violento que vivimos es urgente que se ponga un remedio para que los niños tengan una vida digna y segura y una infancia feliz. El gobierno invierte millones en un impresionante aparato de seguridad para combatir sin éxito a los grupos criminales que se exterminan y mantienen esta ciudad en estado de guerra. Pero al olvidarse de la niñez están produciendo futuros hombres ignorantes y violentos en un círculo vicioso interminable. Además, las guarderías para los hijos de las trabajadoras deberían ser un derecho al que tuvieran acceso para que realicen su jornada confiadas en que sus hijos están bien atendidos. No sólo el gobierno tiene la obligación de mejorar en este sentido sino también las empresas tienen una responsabilidad social que implique acciones y compromiso sobre todo si de la niñez se trata.

Hasta ahora, en Ciudad Juárez ese compromiso no se ha visto.

Fuente: La Jornada, 24 de Mayo, 2010

domingo, mayo 23, 2010

ANULADA SENTENCIA DE INOCENCIA DEL ASESINO DE RUBÍ MARISOL


Tan vergonzosa fue la sentencia de inocencia para el asesino confeso de Rubí Marisol Frayre Escobedo, que el gobernador del estado de Chihuahua ordenó una investigación a los jueces que integraron el Tribunal de Juicio Oral que la dictó.

El Tribunal de Casación (o apelación) determinó que se realizó una inadecuada valoración de las pruebas presentadas por el Ministerio Público adscrito por la Fiscalía Especial para la Investigación de Homicidios de Mujeres y violaron los principios de “la sana lógica, las máximas de la experiencia y los conocimientos científicos” y declaró el viernes 20 de Mayo culpable a Sergio Rafael Barraza Bocanegra, quien se encuentra desaparecido desde que el Tribunal de Juicio Oral lo exoneró del asesinato de Rubí.

Este logro de justicia no hubiera sido posible sin la lucha inquebrantable que Marisela Escobedo Ortiz, madre de Rubí, mantuvo por todos los medios posibles para lograr que el asesinato de su hija no quedara impune.

El recuento de los asesinatos de mujeres suma ya 82 de los 1000 que han ocurrido sólo este año en Ciudad Juárez. De éstas, 4 eran menores de edad y 2 estaban embarazadas. 3 fueron encontradas muertas envueltas en mantas, 1 fue incinerada, 1 se hallaba en estado de descomposición, 1 fue asesinada a golpes, y todas las demás fueron ultimadas a balazos, según el Diario Norte de Cd. Juárez, del 22 de Mayo; Sección Local. La opinión pública no ha sido informada de las investigaciones en torno a estos casos. Tal vez sus madres tengan que desnudarse, maquillarse la cara de payaso, obstruir el tráfico y caminar todo el tiempo con carteles con las fotografías de sus hijas para exigir justicia. Como si ésta fuera una caridad, una limosna, y no un derecho fundamental de la sociedad.


sábado, mayo 15, 2010

RUBÍ MARISOL NO SE MURIÓ DE AMOR




Rubí Marisol Frayre Escobedo tenía 16 años cuando desapareció en agosto de 2008 de la casa donde vivía con su pareja y su pequeña hija. Desde entonces, su madre Marisela Escobedo indagó su paradero sin resultados y denunció formalmente su desaparición ante la Unidad de Personas Ausentes, Extraviadas y Desaparecidas el 28 de Septiembre del 2008. El hombre con el que vivía, Sergio Rafael Barraza Bocanegra huyó de la ciudad junto con su hija. La propia madre de Marisol ofreció una recompensa de 1,500.00 dólares a quien diera información para localizar a quien ella consideraba sospechoso de asesinar a Rubí y solicitó la custodia de su nieta Heidi. Sergio Rafael Barraza Bocanegra fue localizado y aprehendido el 16 de Junio del 2009 en Fresnillo, Zacatecas. Éste confesó haber asesinado a Rubí por celos cuando supuestamente la encontró con otro hombre. Después, la envolvió en una manta, la tiró en un basurero clandestino y le prendió fuego.

Luego de la confesión de Sergio, él mismo llevó a los agentes al lugar donde quemó su cuerpo, que había desaparecido casi totalmente debido a la calcinación y descomposición. De los análisis forenses se desprendió que 39 restos óseos pertenecían a Rubí.

Desde que se inició el juicio, Marisela Escobedo ha librado una lucha solitaria pero férrea por exigir que el asesinato de su hija no quedara impune. Esta valiente madre ha emprendido caminatas de protesta diariamente con un cartel colgado a su cuerpo con la foto de su hija acompañada de un puñado de amigos y familia empujando el cochecito donde lleva a Heidi; ha dado entrevistas en la radio; ha desfilado desnuda solamente cubierta con las fotografías de su hija; se ha manifestado frente a las oficinas de la Sub-procuraduría de Justicia con la cara maquillada de payaso, cargando una cruz con copias de los huesos encontrados de su hija . Todo esto porque sabía que probablemente el asesino, a pesar de haber confesado su crimen, saldría libre. Quizá porque sabe que son sólo unos cuantos culpables a quienes el sistema ha podido poner tras las rejas. Seguramente porque sabe que nuestro sistema judicial es tan defectuoso que pese a que tienen al culpable detenido y confeso, no es capaz de estructurar el juicio de manera que se otorgue justicia y se respeten los derechos de las víctimas. El veredicto del Tribunal del Juicio Oral fue el siguiente:

“Se absuelve por unanimidad a Sergio Rafael Barraza Bocanegra de la acusación que le hizo el Ministerio Público como autor del delito consumado de homicidio agravado, previsto y sancionado por los artículos 123, 125 y 126 del Código Penal”

Los sentimientos de dolor e impotencia de Marisela Escobedo y su familia ante el veredicto resonaron tanto que hasta el gobernador tuvo que ordenar la impugnación del mismo.

Marisela Escobedo ha salido otra vez a las calles. Sigue inventando estrategias para llamar la atención. Ahora lleva maniquís vestidos de negro con balanzas inclinadas, solicita firmas, se sienta en la calle y se vuelve a pintar la cara de payaso, lleva cruces con huesos de cerdo. Sus declaraciones nos golpean el alma:

“Queríamos mostrarlos allá adentro para ver si ellos – los jueces – creen que de esto se pueda sacar una causa de muerte, pues necesitarían ser Dios. Lo que sí queda muy claro es que no se murió de amor, ni se murió a besos, ni fue solita a acostarse y se prendió fuego. La asesinó este hombre. Él mismo lo manifestó a infinidad de personas”

Lee más aquí.


lunes, mayo 10, 2010

DÍA DE LA MADRE EN LAS MAQUILAS





Agradezco a Ana Bande porque me animó a continuar con mi blog. Gracias, amiga.


La mala racha de la crisis económica global continúa afectando la industria maquiladora en Ciudad Juárez. Se nota en muchas cosas: en los jardines, antes verdes, sin mantenimiento y con la hierba crecida; en la escasez de trailers en las rampas de entrada y salida de mercancía en los parques industriales; en los grandes letreros que anuncian la renta o venta de los edificios; en las filas de cientos de aspirantes que esperan su turno en las pocas plantas que ofrecen trabajo para unos cuantos. Y hasta en los festejos del Día de las Madres en las empresas. Hace diez años era una fecha en la que las madres trabajadoras eran homenajeadas a lo grande: se contrataban mariachis que paseaban por las líneas de producción mientras cantaban las Mañanitas. Luego se detenían y se permitía que el trabajo parara un rato para que las festejadas escucharan un par de canciones. En cuanto empezaba el turno de trabajo, las empresas regalaban flores a cada una. Y a la hora de la comida, se armaba un pequeño banquete en la cafetería, donde además se rifaban regalos y algún mariachi o grupo musical amenizaba el ambiente. Eran otros tiempos. Pero ahora, las señoras y muchachas que son madres, igual que en la época de auge, van muy guapas al trabajo en este día, sienten que merecen un reconocimiento a su labor de madres, saben que son homenajeadas y vaya que lo merecen. Las madres trabajadoras de las maquiladoras se esfuerzan de una manera increíble. A veces resulta difícil entender cómo pueden arreglárselas para levantarse de madrugada, tomar dos autobuses hasta su centro de trabajo y después de trabajar nueve horas llegar a atender una casa, unos hijos y a veces hasta un marido (una de cada cuatro hogares mexicanos lo sostiene sólo la mujer). El trabajo que tienen que hacer en el tiempo que están en casa y los problemas que deben afrontar sólo hay que imaginarlo porque la lista es larga.

Ya no hay mariachis ni rifas, ni arreglos florales en las mesas. Las empresas tienen menos recursos y el festejo es modesto pero nadie puede dejar de reconocer a todas estas mujeres pobres, que ganan 52.59 pesos diarios, que crían hijos y se hacen pedazos para mantener una familia a flote, con el agua siempre hasta el cuello, que trabajan hasta los fines de semana, muchas de ella sin el apoyo de una pareja. Será por eso que cuando les tocan alguna canción sentimental se hacen las duras para no llorar pero los ojos se les anegan y entonces dicen: mejor toquen una cumbia, no?

martes, octubre 27, 2009

LA CARA ESCONDIDA DE LA GLOBALIZACIÓN



Esta es una planta textil en Bangladesh denunciada como ejemplo por el National Labor Commitee en Youtube del tipo de explotación al que son sometidos los trabajadores por 11.5 centavos de dólar la hora. El video dice más que mil palabras. El National Labor Committee nos conmina a firmar una petición al National Retail Federation para incrementar el salario mínimo a 35 centavos de dólar.

miércoles, septiembre 16, 2009

MÉXICO NECESITA UN PLAN


Me gustaría celebrar un Día de la Independencia cuando en México exista un plan. Un plan que no importa que no sea perfecto, pero que esté preparado por hombres que deseen vehementemente que la independencia que se consumó un 27 de Septiembre de 1821 podamos ejercerla con libertad todos los mexicanos. A 199 años de que Miguel Hidalgo y Costilla se alzara con un puñado de indígenas y campesinos mal armados con la memorable consigna "Viva la Virgen de Guadalupe, muerte al mal gobierno, abajo los gachupines", no hemos demostrado que las decisiones que tomamos desde entonces nos permitan gobernarnos en democracia y protegiendo los derechos humanos. Los próceres que iniciaron el movimiento independentista deseaban desarrollo y prosperidad para el país y una vida digna para sus habitantes; que los mexicanos tomaran las riendas de su propio destino. Pero hemos actuado casi todos estos años como los adolescentes no sometidos ya a la autoridad de sus padres y que marchan de la casa paterna, derrochando la anhelada independencia en francachelas y resacas. ¡Cuánto toma llegar a la madrez!

La libertad, la independencia, están allí y nadie sabe cómo aprovecharlas, o a nadie importa. En 1810, los mexicanos de entonces se ampararon en su fe para abalanzarse a la lucha; hoy la usan para escudarse en su cobardía para modificar el rumbo y la “muerte al mal gobierno” sigue siendo un deseo agazapado entre una masa de cien millones de personas. El control ya no lo tiene el reino de España, como entonces, pero dependemos en materia económica de los Estados Unidos y muchos de nuestros problemas están inexorablemente ligados a las pautas del vecino gigante.

México necesita un plan. Hombres valientes que amen a su patria y la libren como aquellos conspiradores que estuvieron dispuestos a dar su vida por un México mejor.